Leopoldo Ramírez, integrante del directorio de WSCHILE y Director Ejecutivo de Vertebral.

La compleja emergencia sanitaria que atraviesa el país ha obligado a replantear varios aspectos de nuestra cotidianidad, especialmente en lo relativo a materia educacional. Hoy más que nunca se ha hecho imperioso que los Centros de Formación Técnica, los Institutos Profesionales y también las universidades implementen la modalidad virtual como un recurso preponderante para el desarrollo de sus actividades académicas.

Según cifras oficiales, las carreras online aumentaron un 266% entre 2013 y 2018, superando los 35 mil alumnos, lo que representa aproximadamente el 3% de la matrícula de la educación superior, pero se prevé que siga creciendo, no como consecuencia de hechos específicos de la contingencia –como el estallido social en 2019 o la actual pandemia del Covid-19–, sino como una legítima herramienta formativa de múltiples beneficios.

Sin ir más lejos, el desarrollo del E-learning y las tecnologías de la información representa una gran oportunidad para un país como el nuestro, donde la fuerza laboral presenta carencias importantes en competencias de empleabilidad; con una geografía particular con variadas localidades alejadas de los centros urbanos que imposibilitan a muchas personas el acceso al sistema terciario de educación.

Por ello, es que sorprende muy gratamente que muchas autoridades académicas que antes miraban con desconfianza –o derechamente desprecio– la educación a distancia, hoy aboguen por su pronta implementación. No obstante, si pensaban que esto era más fácil, rápido e, incluso, más económico, estaban profundamente equivocados y sospecho que solo la fuerza de la realidad se los ha demostrado.

Varias instituciones de Educación Superior Técnico Profesional llevan años trabajando en la virtualidad de sus programas formativos, entendiendo que se trata de un reto colosal y permanente. Dado que la educación en línea es una tendencia global observable en países desarrollados, abordarlo y hacerlo bien es deber ineludible para el sistema terciario de educación chileno.

Así, el uso de las tecnologías y las modalidades online también supondrá nuevos desafíos a un sistema de educación superior al que todavía le cuesta pensar en términos distintos al modelo universitario tradicional. Resulta, entonces, especialmente trascendente diseñar nuevos y mejores sistemas de apoyo y financiamiento a los estudiantes; procesos de selección y admisión mucho más flexibles y pertinentes; indicadores de gestión institucional diferentes y más sofisticados, acordes con una realidad más compleja; así como mecanismos de fomento y gestión de la calidad. Y para ello, han de trabajar mancomunadamente el ministerio del ramo, la Comisión Nacional de Acreditación (CNA), la Superintendencia de Educación Superior y, por supuesto, las propias instituciones de educación superior.

Son precisamente Centros de Formación Técnica, Institutos Profesionales y universidades las que deben desarrollar, perfeccionar, fomentar y capacitar sobre el uso de plataformas virtuales como herramientas necesarias para la ejecución de sus proyectos educativos y no meramente como un recurso de emergencia ante las actuales vicisitudes que enfrentan Chile y el mundo.

Leopoldo Ramírez, integrante del directorio de WSCHILE y Director Ejecutivo de Vertebral.

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