Leopoldo Ramírez Alarcón
Director Ejecutivo del Consejo de Rectores Vertebral

Cuando nos aprestábamos a comenzar el año académico 2020, en marzo pasado, conocimos la noticia de la propagación del COVID-19, lo que obligó a las autoridades a decretar cuarentenas en todo el territorio nacional, afectando la programación que se tenía definida para el presente año.
A pesar de todas las dificultades que tengamos que enfrentar, quienes estamos al servicio de la educación no podemos renunciar a honrar nuestro irrestricto compromiso de hacer todos los esfuerzos posibles para llevar, día a día, en todos y cada uno de los rincones de nuestro país, la Educación Técnico Profesional (Media y Superior) a los miles de jóvenes que han confiado en nosotros para cumplir sus sueños y dar concreción a sus anhelos. Todos juntos –establecimiento de educación, docentes y estudiantes, gobierno y organizaciones de la sociedad civil–, debemos trabajar más unidos que nunca para enfrentar los desafíos de un entorno altamente cambiante y cada vez más desafiante.
En esa línea, uno de los principales retos que tenemos por delante en el corto y mediano plazo es poder llevar a un plano de virtualidad las actividades prácticas, que son el motor esencial del aprendizaje de la Formación Técnico Profesional. Y a largo plazo, sin duda las Instituciones de Educación Superior (IES) deberán saber dar respuestas concretas y oportunas a las nuevas habilidades y destrezas que el mercado laboral demandará como producto del avance de la llamada “cuarta revolución industrial”.
Sin ir más lejos, prestigiosos consultores como Gartner, McKinsey y PwC ya anunciaban en 2019, antes de la pandemia del COVID-19, que el 30% de la fuerza laboral norteamericana tendría que aprender nuevas habilidades tecnológicas antes de 2030, ya que esos empleos desaparecerían o se transformarían. El World Economic Forum anunciaba que se crearía un 80% más del tercio de los empleos que se perderían, pero cuyos requisitos de habilidades y capacidades serían distintas y superiores, ligadas al dominio de las tecnologías 4.0. Hemos sido testigos como estos anuncios y tendencias han resultado premonitorios y han acelerado su avance durante la pandemia.
La educación por supuesto que no estará exenta de estos cambios. Si bien el e-learning ya había mostrado crecimientos importantes en los últimos años, la base de desarrollo sigue siendo marginal y los actores dominantes y las empresas lo siguen observando con relativa desconfianza.
La emergencia sanitaria nos permitió demostrar que el país pudo funcionar gracias al teletrabajo, y que la educación no se paralizó gracias a la capacidad de visión e innovación de las instituciones que se adaptaron y se atrevieron a innovar.
La pandemia desafió a las instituciones a continuar formando y educando, adaptando sus metodologías y contenidos con ayuda de herramientas tecnológicas para mejorar la experiencia educativa digital, esfuerzos que fueron premiados por una buena parte de los estudiantes y docentes que se comprometieron y esforzaron para el logro de los objetivos de aprendizaje y perfiles de egreso. Estudiantes que continuaron aprendiendo, aplicando conocimientos, desarrollando sus proyectos y evaluaciones de forma remota. Docentes que aprendieron o profundizaron sus conocimientos en tecnología y metodologías de aprendizaje a distancia, entendiendo que para muchos era el mejor esfuerzo que podían hacer, a pesar de que algunas plataformas eran rudimentarias y los apoyos básicos, pero que había que adaptarse y continuar adelante, de lo contrario se perdería el año.
Ahora el desafío será profundizar los cambios en los perfiles de egreso, adecuar currículos académicos, innovar en modalidades y metodologías de aprendizaje “blended”, promover la obtención de competencias y habilidades transversales (soft skills), todo en un diálogo mancomunado con la industria y lograr la incorporación, entendimiento y entusiasmo colaborativo de la comunidad y de las autoridades regulatorias de modo que ello conduzca a una educación de mayor calidad y real pertinencia con las necesidades actuales y futuras del país.

Leopoldo Ramírez Alarcón
Director Ejecutivo del Consejo de Rectores Vertebral

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